lunes, mayo 14, 2012

Madre.

Felicidades en tu día Mamá querida. Eres el pilar de nuestra familia, alrededor de quien todo gira en realidad. Eres el motor de nuestras vidas, eres el esfuerzo, eres el amor incondicional de pareja, eres la lealtad encarnada, eres el ejemplo de fidelidad, de superación, de astucia, de sabiduría, y de inocencia.

Tú me enseñaste a leer y a escribir. Me enseñaste a recitar; a hablar en público; a pensar que era más inteligente de lo que era, y a esforzarme por estar a la altura de esas expectativas; a no respirar en el pasillo de los detergentes; a no hablar más de lo que debo; a ser agradecido; a defender mis opiniones; a creer siempre en la buena voluntad de la gente; a que la comida no se le niega a alguien que no tenga, aunque tenga uno que hacerle un sandwich, o darle el propio; a querer, igual que tú en tu poema, las tortillas de harina de mi nana Teresa; a medir, sin querer y sin poder evitarlo, a toda mujer con tu estatura, buscando tus cualidades en las demás, y a entender y aprender de tus errores, y de los míos, que son más.

Algún día negro, mi podrido orgullo intentó herirte, sugiriendo autosuficiente que lecciones de tí no había aprendido. Hoy, acepto equivocado mi locura, y me disculpo arrepentido, porque tú, tú, mamá, me enseñaste todo, bueno o malo, ejemplo a seguir o a evitar, consejo pedido o dado a la fuerza, observación innecesaria o dolorosa pero cierta. A razón de todo lo que soy, fui, y seré, te doy las gracias, esperando honrarte y ser hombre de bien, así puedan decir, esperando merecerlo: "Ese hombre fue hijo de Irene Burruel Figueroa".

Te amo

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